MUSIUMOR
Una vez más el FSLN bajo el gobierno de Daniel Ortega empaña lo que realmente debiera ser una democracia, transparencia en la política, a fin de dejar que el pueblo libremente escoja a quienes debieran en esta oportunidad ser seleccionado para los cargos municipales.
Todo parece indicar como lo destaca elfaro.net. que en América Latina, el fraude electoral parecía ya cosa del pasado. Pero Ortega, que se autoproclama promotor de la democracia directa, está reviviendo las tácticas del General Noriega que se robaba las elecciones a garrotazos en Panamá, o las truculencias utilizadas por Fujimori en el Perú cuando se las quiso robar en el 2000. En México, cuando el PRI le robó las elecciones a Cuauhtémoc Cárdenas en 1998, se acuñó aquella famosa frase: “se cayó el sistema”, al detenerse el sistema de cómputos, supuestamente por una falla de energía. En Nicaragua todo el país fue testigo de cómo el Consejo Supremo Electoral paralizó el sistema de conteo en Managua. Los votantes de más de 600 juntas receptoras de votos de la capital nunca pudieron ver el resultado de sus juntas en las actas publicadas por el Consejo. Se trata de más de 120 mil votos que no fueron publicados porque evidentemente en muchas de esas juntas perdía el candidato del partido de gobierno.
Se dice que se esta ante un acto delictivo que representa el peor retroceso en la historia de la democracia electoral de Nicaragua -que es una herencia positiva de la revolución sandinista-. Y no es que las elecciones que se efectuaron desde 1990 hayan resuelto los problemas del país, pero al menos sentaron las bases de la convivencia para enterrar la violencia como método político y dirimir los conflictos de manera pacífica. El fraude del domingo pasado representa una nueva traición a los ideales y al legado de la revolución. El presidente Daniel Ortega está haciendo retroceder a Nicaragua a la época del dictador Anastasio Somoza García, cuando el fraude se organizaba de manera igualmente descarada.
Es muy lamentable que sucedan estos hechos, porque denigran de la confianza del nicaragüense, se burla de sus acciones honestas, de esa liberdad democrática de ir a votar por el candidato de su preferencia.
Para quienes henos seguido la historia, el comportamiento de la política de los países centroamericanos, especialmente el de NICARAGUA, país que ha sufrido muchas penurias, guerras civiles y en donde el FSLN ha tenido la oportunidad de rescatarlo de su atraso, de conducirlo por la senda de un desarrollo que todos los habitantes del país aspiran , no ha sabido aprovechar la oportunidad que por dos períodos le ha brindado el pueblo.
Es muy triste encontrar como se empaña a la democracia, se haga uso de la fuerzas, de la trampa para garantizar cargos en donde la gran mayoría no consideran que son las personas idoneas parea desempeñar funciones que beneficien al país .
Agrega el faro.net, que las irregularidades que ocurrieron en esta elección no se limitan al municipio de Managua, sino que irradian a nivel nacional. En una elección presidencial, es probable que las anomalías que puedan suceder en un número considerable de Juntas no alteren una tendencia nacional. Pero cuando de trata de 146 elecciones locales, en cada elección 50, 100, 200 votos, un sola junta hace la diferencia como se está demostrando en la alteración de los resultados de la voluntad popular en León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Juigalpa, Boaco, Teustepe, San Lorenzo, Sébaco, y muchos otros municipios del país.
Una de las consecuencias de este descalabro del sistema electoral es que ya no se sabe a ciencia cierta en qué municipios ganaron de forma limpia los candidatos del FSLN. Porque incluso los partidarios del FSLN que participaron de buena fe en este proceso electoral han sido convertidos en rehenes de la ambición de poder de un liderazgo autoritario, que persigue convertir en cómplices del fraude a todos sus votantes. Un liderazgo irresponsable que calculó que para ellos resultaba peor admitir la derrota en Managua y otros importantes municipios del país antes que pagar el incalculable costo político de perpetrar un fraude. Y prefirió colocar al país al borde del caos en una escalada de violencia, que de paso apunta a sacrificar a la Policía Nacional, antes que aceptar la voluntad popular.
Al recurrir al fraude electoral, el presidente Ortega está sepultando su propio proyecto político, si es que de verdad alguna vez pretendió hacer un gobierno de “unidad y reconciliación nacional”. El fraude evidencia que, después de casi dos años de gestión, los programas sociales asistencialistas del gobierno -hambre cero, usura cero, casas para el pueblo, etc…- son necesarios para mantener cohesionada a la base del orteguismo a través de una relación clientelista administrada por los CPC, pero no son suficientes para construir una mayoría política. Al fracasar, Ortega admite que sólo puede seguir gobernando de forma sectaria para sus partidarios, mientras impone el miedo y la intimidación al resto de la sociedad.
Cuesta aceptar que una presidente que lo ha sido por dos períodos , no sepa aprovechar la oportunidad que le da la historia y realmente se concretara a programas económicos, sociales, políticos que den paso a transformaciones que saquen al país del camino equivocado en donde ha transitado por años y de la posibilidad a los nicaragüenses de escribir una nueva historia con líderes que realmente estan identificados con la responsabilidad de saber usar los recursos que el país le genera en pro de su despegue.
Daniel Ortega desafortunadamente no ha estructurado equipos cohesivos que den paso a los cambios propios de una ideología democrática adecuada a la realidad de los escenarios del presente, sin caer en las viejas ideologías de un pasado que ya fue, que tuvo su oportunidad y demostró que no tenía la fortaleza para proporcioanr lo que tanto se anhela, como es progreso, libertad, justicia,equidad, cultura. educación, tecnología.
Preocupa seriamente la ausencia de líderes que propicien los cambios, enfrenten a las acciones de un gobierno que se ha desviado de su objetivo de hacer crecr la economía, dar paso a cambios que favorezcan a los nicaragüenses, propiciar empleo, transformaciones en donde la eficacia de los programas que se diseñan generen resultados favorables.
Hay que evitar a toda costa que se siga generando el odio, la ira, todo aquello que de paso a la violencia, a una explosión social, especialmente, en un país tan sensible a ello como es Nicaragua.
Ojala el presidente Ortega recapacite sus acciones, defina programas más adapatados a las necesidades del presente, trabaje en pro de cohesión de fuerzas en vez de división ,que sus palabras no queden en promesas, demagogia, sino que se realicen en función de quellos seres, especialmente de una clase pobre que es muy representativa en el país y le depositó su confianza.


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