LO QUE SE HA TRASNFORMADO EL MITO DEL CHE GUEVARA
Ché Guevara
MUSIU
Es impresionante como el ser humano de acuerdo a sus ideologías, a la misión que algunos realizan más allá de las fronteras,los tornan héroes, lo hacen un mito que muchas veces trasgreden lo normal de un reconocimiento,de un hecho. Tal es el caso del Che Guevara que ya no simplemente se le consideró un simbolo de lucha, un líder revolucionario, identificado con su causa en el momento histórico que le tocó vivir, sino que lo consideran un hombre milagroso, que ayuda desde el más allá de las personas.
Al respecto, Andrés Schipani publica en el diartio la Nación de Buenos Aires, que en el camino que une La Higuera con Vallegrande, en Bolivia, el lugar que lo vio morir, el Che Guevara se ha convertido en "San Ernesto": le rezan en las calles y en la Iglesia, le dedican altares y hasta dicen que ha concedido milagros
Hay misas, se le reza y nos hace milagros", dice Susana Osinaga mientras camina por las polvorientas calles de Vallegrande, un pueblo que parece suspendido en el tiempo. Pero ella no habla de Jesús ni de algún santo, habla de Ernesto "Che" Guevara, el guerrillero argentino que hace 40 años fue ejecutado a 60 kilómetros de aquí, en La Higuera, por el Ejército de Bolivia, después de su fallida aventura revolucionaria en la selva.
Bajo una inscripción en la que se lee "nadie muere mientras se lo recuerde", Osinaga dice, conmovida: "Era como Cristo". Exactamente cuarenta años atrás, ella fue la enfermera encargada de lavar el cuerpo de Guevara. Hoy, en el mismo lugar donde fue limpiado y expuesto, con los ojos abiertos y la barba tupida en la lavandería del Hospital Nuestro Señor de Malta, ella cuenta con emoción que desde aquel día se ha vuelto devota de "San Ernesto" y le reza en un pequeño altar, entre una imagen de Jesús y otra de la Virgen María, en su humilde casa-quiosco en Vallegrande, la ciudad en la que, desde 1967 hasta hace 30 años, permanecieron enterrados de forma oculta en una fosa común los restos del Che Guevara.
Desde aquel día, el de la muerte, muchos de los lugareños, como Osinaga, han "beatificado" sin necesidad de trámites a este personaje que aquí se ha vuelto sempiterno. Para los pobladores está siempre presente, pero presente de un modo distinto al que se observa en el resto del mundo, en donde ha permanecido o bien como inspiración política, o bien como ícono de consumo en la industria del entretenimiento. Aquí, como en La Higuera, la imaginación popular ha hecho de él presencia santa.
Eusebio Tapia, un hombre de origen aymara que hace décadas peleó junto a Guevara en la campaña boliviana, explica: "Sí, mucha gente en Bolivia tiene al Che como inspiración, se ha convertido en un ícono, un mito". Y agrega: "Pero existe otro mito, mucho más fuerte: el que ha construido la fe de la gente que lo tiene como si fuese un Cristo, como un santo".
Para los locales, en el camino de 60 kilómetros que une Vallegrande con La Higuera, el Che es simplemente "milagroso". Es allí donde nació el mito de "San Ernesto", ése que, aquí por lo menos, está por encima de cualquier controversia ideológica. Si para muchos de sus seguidores alrededor del mundo, el Che representa un ícono progresista y revolucionario y para sus críticos "una máquina de matar", para los lugareños de este rincón boliviano es completamente otra cosa. Para ellos es una "fuerza que protege y provee".
Después de describir, casi como una poseída, de qué forma "el alma del Che" -transformado en perro guardián- protegió a una amiga suya una noche en su humilde casa de Vallegrande, Ligia Morón cuenta que al ver a Guevara por primera vez, aquel 9 de Octubre en la lavandería, la imagen del guerrillero quedó "dibujada en mi alma". En su comedor, bajo una foto del Che, dice convencida: "Aquello que nosotros vemos que en la vida es imposible, para Dios y el Che no lo es". Al igual que muchos de sus vecinos, Ligia siente que el hecho de que Guevara fuera ejecutado aquí le dio una dimensión especial que "sobrepasó todo lo conocido" y terminó convirtiéndolo en una especie de predicamento bíblico: "El ha dado la vida por un ideal, luchando por nosotros aquí, al igual que Cristo ha dado la vida por nosotros".
Bajo una inscripción en la que se lee "nadie muere mientras se lo recuerde", Osinaga dice, conmovida: "Era como Cristo". Exactamente cuarenta años atrás, ella fue la enfermera encargada de lavar el cuerpo de Guevara. Hoy, en el mismo lugar donde fue limpiado y expuesto, con los ojos abiertos y la barba tupida en la lavandería del Hospital Nuestro Señor de Malta, ella cuenta con emoción que desde aquel día se ha vuelto devota de "San Ernesto" y le reza en un pequeño altar, entre una imagen de Jesús y otra de la Virgen María, en su humilde casa-quiosco en Vallegrande, la ciudad en la que, desde 1967 hasta hace 30 años, permanecieron enterrados de forma oculta en una fosa común los restos del Che Guevara.
Se dice que las palabras del poeta Cubano Nicolás Guillén resuenan en la radio, como un aviso, casi un presagio, cantadas por el trovador español Paco Ibáñez: "Pero aprenderás seguro soldadito boliviano, que a un hermano no se mata, que no se mata un hermano". Pero lo mataron, y le ofrecieron así una plataforma de lanzamiento inmejorable para todos los mitos de santificación y maldición del Che Guevara.
Se cuenta que, herido, apoyado sobre una piedra en la Quebrada del Churo, Guevara dijo: "No disparen, soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto". Al parecer no estaba en lo cierto: para bien o para mal, más allá de los pósters, las remeras y los cantos de protesta, su figura ha trascendido como mito y como símbolo. Y para algunos, aquí donde halló la muerte 40 años atrás, también como santo obrador de milagros.
La verdad que es sumamente relevante lo que un mito, el rumor, la fe puede generar y convertir a la persona en algo trascedental. originaqndo, dando pñaso a leyendas. Lo cierto que hay que saber cuiudarse del fanatismo, que puede desviar la razón de ser de la verdadera misión que cada uno debe cumplir.
