Se ha dicho de acuerdo a la leyenda, que el ariki Hotu Matu’a estableció la organización social y religiosa de la comunidad determinando las normas de parentesco y descendencia y la construcción de de las viviendas y monumentos.
Los moai son sus principales símbolos y se alzan alrededor de los 250 altares ceremoniales o Ahu. Junto a los petroglifos grabados en las piedras volcánicas, estas bellísimas esculturas megalíticas representan la riqueza de la ancestral cultura rapa nui. En ellas se reflejaban las imágenes de sus antepasados que pasaban a presenciar todas las ceremonias del pueblo.
En los siglos XVI y XVII se inició una crisis social que generó nuevas guerras tribales y la decadencia de la cultura moai. Al no haber casi testimonios escritos, parte de esta historia ha pasado a un enigmático olvido.
Por su parte, las investigaciones antropológicas y arqueológicas comprobaron que grupos del sureste asiático habrían migrado a la Melanesia y la Polinesia ocupando la mayoría de las islas de Oceanía hasta los límites de este territorio insular: Hawaii, Nueva Zelandia e Isla de Pascua. Las travesías se habrían realizado en canoas dobles de 30 metros de eslora y más de 8 metros de altura y el poblamiento de Rapa Nui habría sido en el año 300 d.C.
Recién en 1772, cuando el holandés Jacob Roggeween arribó a las islas el día de Pascua de Resurrección, se habría iniciado el contacto de los habitantes de Rapa Nui con el resto del mundo y es a partir de este año que empieza a haber registros escritos de su cultura.
En los años posteriores, las expediciones y la piratería dejaron un saldo negativo para la cultura rapa nui, sobre todo el contrabando de esclavos hacia el Perú en 1862 y 1863 para trabajar en las guaneras, principalmente.
Asimismo, las misiones evangelizadoras provenientes de Tahití y Chile en 1864 iniciaron formalmente el proceso de aculturación de los isleños, al reestructurar su sociedad según los cánones católicos. Es en esa época que desapareció la escritura jeroglífica rongo rongo, su lengua ceremonial y uno de los principales elementos de la antigua cultura rapa nui.
En 1888, Chile estableció la soberanía sobre la isla gracias a la labor del capitán Policarpo Toro. En un principio, este territorio se concesionó a una empresa ganadera para su explotación, lo que obligó a los pobladores a abandonar la pesca como principal modo de subsistencia y someterse a trabajos como agricultores y ganaderos.
Esta situación se comenzó a revertirse paulatinamente a partir de 1917, cuando la administración del territorio insular pasó a la armada de Chile. En la década del ´30 se inició la actividad turística en la isla como una nueva forma de subsistencia afianzando la salida de la Compañía Ganadera y en 1935 se la declaró Parque Nacional y Monumento Histórico. En ese mismo año, los isleños adquirieron los derechos sobre su propio territorio cuando se formó el primer gobierno municipal y pasó a ser departamento de la provincia de Valparaíso.

AlterGuía. com. nos aporta sobre los misterios de Isla de Pascuas de Chile, que Hau Maka llamó a su isla imaginaria "Te Pito O Te Kainga un Hau Maka" ("El pequeño pedazo de pista de Hau Maka"). Cuando el rey Hotu Matua escuchó el sueño
no dudó en enviar exploradores jóvenes, entre ellos sus hijos Ira y Raparenga, para hallar su próxima morada. Pero los viajeros no fueron a ciegas, sino que
aquel ensoñamiento de Hau Maka le indicó perfectamente el camino a seguir para
encontrarla, cosa que hicieron (aquel sueño le había dado las coordenadas
concretas para encontrar la isla):
lunga i (viento arriba, en el sudeste)
tau de e (hacia afuera)
ro a del revareva de e (como contorno permanente)
i raa del te del roto i (en medio del "levantamiento" del sol)

Se agrega, que la tradición informa que los primeros que llegaron a la isla tenían el pelo rojo y la piel blanca. En los dibujos de los incas del Perú existen caras de seres humanos de piel blanca, pelo rojo y orejas largas, que fueron constructores de gigantescas estatuas de piedra, y que desaparecieron hace mucho
tiempo en el Pacífico navegando en sus botes de juncos hacia la caida del sol", afirmó el noruego Heyerdahl en su teoría que intenta hechar por tierra el origen polinésico de los habitantes de la Easter's Island, porque expone que la Polinesia fue repoblada por los pre-colombinos. De Viracocha, el dios con rostro de jaguar de Tiahuanaco, de cuyos enormes ojos brotaban lágrima áureas que eran vida, según se afirma del Sol en los arcáicos mitos de los indios de la altiplanicie peruana; de este bizarro "dios blanco" se decía que había desaparecido un buen día hacia el oeste, adentrándose en el mar. ¿Por qué se asemeja tanto esta divinidad a Kon-Tiki, Illatiki o Tiki, el dios, semidios o antepasado sagrado de los pueblos de la Polinesia?. ¿Procedieron de Tiahuananco los primeros pobladores de Rapa Nui?.
LEYENDA:
Los orejas grandes, "caídos del cielo"
Los pascuenses a diferencia con otras antiguas culturas guardan pocas
leyendas sobre sus orígenes. Como si su recuerdo estuviera de alguna manera limitado por algún salto generacional. Una pérdida hereditaria común a las diferentes etnias indigenas.

Después de muchos quebraderos de cabeza, los arqueólogos han terminado por pensar que pudieron existir en la isla al menos tres culturas sucesivas. Para llegar a esta conclusión se basan en la existencia de unas tablillas con
jeroglíficos muy anteriores en el tiempo a los moais. Restos sin descodificar
aún, pero que reafirman la existencia de esa cultura desconocida y distinta a la hallada por el capitán holandés. Arthur Posnansky, en su obra Guía general ilustrada de Tiahuanaco, muestra inscripciones nuevas con la misma escritura en rocas de las dos islas sagradas del lago Titicaca. También apuntó la semejanza existente entre esta escritura y las enigmáticas inscripciones halladas en la Isla de Pascua.
Es relato de uso en la actual Rapa-Nui el que los antiguos pobladores
llegaron desde otra isla tal y como se comenta en lineas anteriores. Un tierra
mucho más al sur, que se hundió bajo las aguas hasta desaparecer en ellas. Pero el relato contiene su propia ciencia-ficción que se inicia con la posterior
llegada de unos extraños humanos de orejas grandes. Estos hombres más que venir, descendieron de los cielos y se asentaron en uno de los extremos de la isla. Todos eran varones y para procrear necesitaron mezclarse con las hembras nativas, es decir las orejas pequeñas (los pobladores venidos del sur). Pero estas relaciones no fueron del todo positivas, por lo que se inició una guerra, en la que fueron exterminados casi todos los orejas grandes. Los supervivientes desaparecieron engullidos por una extraña explosión dentro de algo que volaba hacia los cielos.

LEYENDA DE LOS SIETE EXPLORADORES
Los historiadores han aceptado la existencia de Hotu Matúa y las circunstancias de su llegada a la Isla de Pascua. Y en este marco analizan el relato de los siete exploradores.
El mito señala que, precediendo al viaje de su rey y por instrucciones de un vidente, siete navegantes llegaron a la isla buscando un lugar adecuado para instalarse y sembrar ñame, (tubérculo base de la alimentación de los inmigrantes). Dos de ellos traían, además, un moai y un collar de madreperlas, que escondieron y que luego dejaron abandonados cuando regresaron a su tierra de Hiva. Sólo un explorador se quedó en la isla.
Varios estudiosos han rescatado de este mito algunos hechos comprobables: que cuando Hotu Matúa llegó a la isla, ésta ya estaba poblada; que ya existía en ella el ñame; y que también había moais.
Otros deducen además, que los siete exploradores simbolizan a siete generaciones que habitaron el lugar; o tal vez a siete tribus inmigrantes, de las cuales sólo una sobrevivió y se mezcló con la gente de Hotu Matúa.
Los hechos han permitido establecer que el rey Hotu Matúa murió 20 años después de su llegada a la isla y que le sucedió su hijo mayor, Tuu Maheke. El último de esta dinastía fue Gregorio o Roroko he tau, llamado también el rey niño, que falleció en 1886, y aunque los pascuenses gustan de pensar que la sucesión dinástica no tuvo desvíos ni interrupciones, hay varios indicios de que el linaje dinástico tuvo muchas alteraciones.
Se sabe que poco después de los primeros polinesios llegó a la isla una segunda inmigración. El origen de estos nuevos pobladores es polémico, ya que sus características raciales difieren de las de aquellos que entonces se consideraban “nativos”.
A los nuevos habitantes se les llamó Hanau eepe, lo que literalmente quiere decir “raza ancha”, y en efecto, éstos eran más corpulentos y robustos que los Hanau momoko o raza delgada que ocupaban desde antes el lugar.
Los Hanau eepe tenían muy desarrollados los lóbulos de las orejas razón por la cual muchos antropólogos los asocian con los incas y sus nobles orejones descritos por Francisco Pizarro en sus informes. Pero éste, como muchos otros es un misterio no desentrañado aún. Por el momento, los orejas cortas y los orejas largas son protagonistas históricos de orígen confuso, pero cuya existencia está afianzada con reales testimonios en el pasado