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Categoría: esoterismo

1 Enero 2008

EL SANSARA


MUSIU
El Budismo nos ha legado enseñanzas muy importante en pro de ese crecimiento que tanto hemos descuidado como el espiritual.
Mientras se nos da la posibilidad de mantenernos físicamente en esta dimensión con este vehículo físico que hemos llamado cuerpo, debemos trabajar en pro de nuestro crecimiento espiritual, alimentar la fortaleza del espíritu a fin de que nuestra alma alcance esos niveles que garantizan paz, armonía, felicidad.
Justamente el Budismo nos lega,que el Sansara no tiene ni principio ni fin. Estamos atrapados en él hasta que ganemos la Iluminación. Sin embargo, algunas escuelas del budismo dicen que cuando ganemos la Iluminación entenderemos que el Samsara y el Nirvana son todo lo mismo
webspace.ship.edu nos señala, que el Samsara es este mundo lleno de dolor y tristeza tal como lo conocemos. Todos los seres de este mundo están sujetos a la ley del karma. Karma significa acto volitivo, es decir, algo que uno hace, dice o piensa y que de hecho está bajo su control. Todos los actos de este tipo tienen consecuencias morales llamadas vipaka, que significa fruto. En el Budismo tradicional, estas consecuencias pueden ocurrir en esta vida o en una vida futura.

La mayoría de los Budistas creen en el renacimiento. Para muchos, el renacimiento no es diferente de la creencia de los Hinduistas, por ejemplo, en la reencarnación o en la transmigración de las almas (pasar del viejo cuerpo que muere a uno que acaba de nacer o de ser concebido). Con un poco más de precisión, sin embargo, el renacimiento no es más que la transmisión del propio karma. Buda lo comparaba con la llama que pasa de una vela a otra. Así pues, la idea de un alma inmortal, de una personalidad continua, no es de ningún modo una parte del concepto del renacimiento.

El renacimiento y otros conceptos similares no forman parte de la mayoría de las culturas occidentales, así que muchos budistas occidentales y algunos budistas de oriente, toman el renacimiento como una metáfora, más que literalmente. El Budismo nunca ha sido una religión anclada en lo literal, así que esto no es ningún tabú. De hecho, Buda lo evita .
Definitivamente, Sansara(
en sánscrito, 'deambular'), concepto fundamental de la doctrina de la reencarnación en el hinduismo y en el budismo, que designa el ciclo de vidas, muertes y renacimientos que cada ser sensible experimenta como consecuencia de su karma (o conjunto de acciones buenas y malas efectuadas en vidas anteriores). Cada ser viaja por esta rueda indefinida, que abarca desde los dioses hasta los insectos y el sentido de su trayectoria lo marca la índole de sus actos. Tanto el hinduismo como el budismo se esfuerzan en trascender este proceso mediante la liberación definitiva que supone el acceso al nirvana. Ambos entienden que la existencia siempre comporta sufrimiento o dolor (dukkha). La primera de las religiones citadas concibe el samsara como la transmigración del alma o atmán, de un cuerpo a otro, hasta su emancipación (moksha), fenómeno que sucede cuando consigue identificarse por entero con el Brahman, lo Absoluto. Tal emancipación, que se alcanza a través de rituales purificadores, presupone la realización del residuo del karma, mediante el castigo o la recompensa y la renuncia a los deseos terrenales.
El budismo, por contra, postula la negación de la existencia de un alma permanente (anatmán). Para los budistas, el samsara es una verdadera transmigración de las almas, en plural. El yo, un conjunto de caracteres en perpetuo cambio, se propaga a través de las sucesivas encarnaciones mediante un proceso causal denominado producción condicionada. Se asciende al nirvana mediante la iluminación producida por las Cuatro Nobles Verdades. Ahora bien, ningún yo real se mueve entre las vidas, sobreviviendo a las mutaciones. El budismo reconoce un aspecto positivo del samsara y es que conduce al ser humano a un último renacer, tras el cual, y gracias a la palabra de Buda, puede alcanzar la iluminación.

Para quienes realmente quieren adentrarse en el alcance y repercusiones que el sansara manifiesta, es importante considerar y reflexionar por ejemplo que los puntos de vista erróneos, las aspiraciones erróneas, el enunciado incorrecto, la parcialidad en nuestras decisiones, la forma incorrecta de ganarse la vida, los esfuerzos incorrectos, los pensamientos incorrectos, y por último, la falta de la contemplación correcta, o sea, el oscurecimiento del pensamiento; todos pertenecen a la vida samsárica, al sufrimiento, y sin darnos cuenta, todos participamos en lo uno o en lo otro o en todos a la vez, pensando que somos unos expertos en vivir la vida, que el pecado es parte de ella y que es imposible buscar una salida.

Muchas veces nos excusamos a nosotros mismo diciendo que hacemos este o aquel sacrificio por tal o cual persona, pero la verdad es que es nuestro ego engañoso y patrañero el que nos hace creer en dicha mentira y en la ilusión de cada situación samsárica. El ego quiere mantener su identidad a toda costa: ¡Qué no podemos meditar porque ese tiempo es para alguien que lo necesita! ¡Mentira! Siempre hay tiempo para meditar, aunque sea un minuto. ¡Qué la posición es incomoda! ¡Mentira! Podemos cambiarla por una más agradable, sin embargo continuaremos con el tema de la incomodidad, pues es asunto de la mente, no de la incomodidad. ¡Qué esto, qué aquello, qué lo otro!... ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira!
Hay tantos ejemplos de decisiones incorrectas impulsadas por el ego como seres vivientes habitando el planeta. Mientras vives en el Sámsara, o sea, en la realidad relativa, no hay forma de hacer una decisión completamente correcta; el velo del ego cubre la respuesta o lo que es lo mismo, cubre 'el camino' y lo nubla poniéndole obstáculos, uno tras otro. No podemos 'ver', lo cual, como dijo el Sexto Patriarca Hui Neng, es el propósito de la vida.

En una conferencia impartida por el Maestro Sheng Yen el 24 de julio de 1983 señala. que el Samsara, mundo de sufrimiento y interminable ciclo de nacimiento, y el Nirvana, iluminación y liberación del renacimiento, realmente son lo mismo. Dos analogías siguientes ilustran este punto.

En primer lugar, vamos a tomar el ejemplo de la ilusión óptica. A veces tenemos problemas con los ojos. Los frotamos y las cosas se verán diferentes. Los objetos puestos delante de nuestros ojos, o algunos diseños, en cierto modo, crearían las ilusiones ópticas. Las personas con cataratas, opacamiento del cristalino del ojo que enturbia la visión, ven las cosas diferentemente. Una enfermedad llamada miodesopsia hace que uno tenga la impresión de que los insectos están constantemente volando delante de sus ojos. Los sutras budistas hablan de la ilusión de ver “flores en el aire.” Por lo general, si tenemos cualquier de éstos problemas, sabemos que es un problema del ojo, pero algunas personas pensarían que lo que está viendo es real. En efecto, pensarían que están viendo mosquitos o flores en el aire. Cuando están curados los ojos, ya no verán estas cosas. ¿Eso se debe a que los mosquitos o las flores han desaparecido repentinamente? No, eso se debe a que el problema del ojo ha sido solucionado.

La segunda analogía se refiere a refinar el oro. Después de haber encontrado y minado el mineral de oro, es fundido y procesado hasta que quede únicamente el oro refinado. El oro se encuentra en el mineral desde el principio, pero algunas personas pensarían que el oro refinado y el mineral de oro son dos cosas diferentes, que el mineral de oro de alguna manera fue cambiado en el oro refinado.

Pero un químico conoce sus elementos primarios, el puro oro, estuvo allí desde el comienzo. Si no estuvo allí desde el principio, no había oro que pudiera refinarse.

¿A qué se refieren estas analogías? En otra conferencia señalé que el samsara es una ilusión. Transmigramos de una vida a otra debido a que tenemos aflicciones y eso es un problema mental. Cuando se nos curó el problema del ojo, la ilusión de mosquitos o flores en el aire fue solucionado, y por consiguiente no volvemos a verlos. Pero lo más importante es comprender que al principio no veíamos mosquitos ni flores. Asimismo, cuando curamos nuestro problema mental, ya no creeremos en el samsara; y, en efecto, comprenderemos que incluso no ha existido nunca el samsara.

¿Problemas mentales? ¿Enfermedades mentales? Tales problemas son desconocidos para un cirujano. Un psiquiatra quizás tiene algún concepto de ellos. Cuanto más profunda es tu práctica, más podrás comprender la naturaleza de los problemas mentales. Algunas personas han dicho que el Centro Chan es como un hospital siquiátrico para personas con enfermedades mentales. En cierta circunstancia, eso es verdadero. El Buda dijo que si tienes problemas físicos, vete al médico; si tienes problemas mentales, vete al Buddhadharma (las enseñanzas budistas).

Desde el punto de vista del Buddhadharma, todo el mundo tiene un serio problema mental. ¿Cuántos de vosotros pensáis que no tenéis problemas mentales? Si levantáis la mano, entonces eso indica que tenéis problemas. Si no levantáis la mano, entonces por lo menos tenéis alguna idea de que tenéis problemas. De la misma manera, un borracho casi nunca reconoce que está borracho. Si te sientes mareado, y dices que estás borracho, entonces eso significa que eres sobrio en la bebida.

¿A qué se refiere tener problemas mentales? Eso significa que tu mente no está equilibrada tanto racional como emocionalmente. Tu juicio no puede ser cien por cien correcto. Serás parcial. Como un marido que vive con su esposa y sus cuñadas bajo el mismo techo, a menudo sus cuñadas toman partido a favor de su hermana y en contra del marido. O tú serás ambivalente como uno de mis discípulos, quien esperaba que yo volviera a Taiwan lo antes posible y al revés quería que me quedara en el Centro Chan para siempre. Por un lado quería que me fuera así que nadie le diría qué tiene que hacer. Por otro lado, si salí, no había nadie aquí para ayudarle. Uno que usa heroína se enfrenta a tal problema: quiere abstenerse de la droga, pero no puede. Los que actuan en confusión, frecuentemente cometen crímenes. Cuando Hinckley asesinó al Presidente Reagan, fue declarado inocente del delito por el tribunal por tener una enfermedad psíquica. Cuando las personas nos hacen daño, debemos comprender que ellos tienen problemas mentales y perdonarlos. Cuando uno tiene tal problema, no sabría qué está haciendo. O si no comprende qué está pasando, no sería capaz de controlarse a sí mismo – como un coche cuyos frenos fallan.

¿Cómo podemos curar esta enfermedad? Muchas personas no comprenden que la mente o el espíritu necesita recibir una gran cantidad de educación. Ciertamente, hay resultados positivos en el tratamiento de cáncer, enfermedad cardíaca, alta tensión, etc., pero no se le pone mucha atención al tratamiento y estudio de los problemas espirituales. En primer lugar, uno debe investigar sus expectativas, miedos, deseos, etc. Sólo a través de examinarse a sí mismo uno puede mejorarse. Por supuesto que el mejor método para llevar esto a cabo es practicar la meditación. Con la práctica uno puede disminuir poco a poco sus pensamientos distraídos. Si tienes demasiados pensamientos, no seás capaz de conocerte a ti mismo claramente. Una vez que llegamos a la etapa en que podemos controlar nuestros pensamientos, podemos pensar o no pensar como queramos. En este momento nuestra efermedad mental desaparecerá. La mente no estará en un estado de confusión. No habrá pensamientos vagabundos. Estaremos en armonía con la naturaleza, y nuestro juicio será imparcial. Seremos capaces de aceptar las cosas malas que nos ocurren a nosotros y las buenas que nos pasan.

Cuando nuestra mente está completamente clara y limpia, no habrá ni acciones virtuosas ni las malas. Tampoco habrá samsara ni nirvana. La idea de que hay samsara y nirvana es algo que necesitamos al principio para practicar. Eso incrementa nuestra confianza y nuestros esfuerzos. Como la medicina, es para un hombre que está sufriendo una enfermedad. Cuando ha sido curada la enfermedad no hay necesidad de tomar ningún medicamento. Del mismo modo, cuando se resuelven nuestros problemas mentales, no necesitaremos el concepto de samsara y nirvana. Comprenderemos que no son dos cosas diferentes; en efecto, son ilusiones. Son ilusiones que una mente clara sabrá que incluso nunca han existido.

Ahora vamos a explicar la analogía de mineral de oro y el oro refinado. El puro oro refinado se refiere a la mente pura en cada uno de nosotros. Eso representa el potencial para liberarnos del sufrimiento en todos nosotros. Como la primera analogía del ojo una vez acosado por la ilusión y ahora liberado de mosquitos o flores; nuestra mente, una vez refinada, se deshará de sus impurezas – aflicción y sufrimiento. A través de la práctica, podremos deshacernos de nuestras impurezas y refinar nuestras mentes.

Desde el punto de vista del Chan, el sufrimiento y la sabiduría, el samsara y el nirvana no son diferentes – en efecto, incluso no han existido nunca.

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31 Agosto 2007

SOBRE HELENA BLAVATSKY

Helena Petrovna Blavatsky (1831 - 1891) escritora, ocultista, teósofa rusa y una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica (retrato de 1877 en Nueva York).
Helena Petrovna Blavatsky
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No se puede negar que en vida las obras de Blavatsky fueron muy intersantes, sobrfe todo con el legado de la fundación de la Sociedad Teosófica.

Su nombre original era Helena von Hahn, en ruso Елена Петровна. Nació en la ciudad de Ekaterinoslav (actual Dnipropietrovsk), situada en los márgenes del río Dnieper, en el sur de Rusia (actualmente territorio de Ucrania). El sobrenombre de Blavatsky se debe a un breve matrimonio con un hombre mayor, llamado Nikifor Vassilievitch Blavatsky, a los 17 años de edad. En rigor, la grafía correcta y coherente con la forma femenina rusa del nombre sería Blavatskaia. Petrovna es un apellido, es decir, identifica al padre. De esta manera, Petrovna significa hija de Petr (Pedro

Al respecto, Wikipedia nos resume que Blavatsky era hija del coronel de origen alemán establecido en Rusia Feter von Hahn y Helena de Fadeyev, hija de una familia noble rusa, que trabajó como novelista. Por parte materna, ella era nieta de la princesa Helena Dolgorukov, botánica y escritora. Después de la prematura muerte de su madre en 1842, Helena creció bajo los cuidados de sus abuelas en Saratov, donde estaba como gobernador su abuelo. Helena mostró talento como pianista, y según testimonios de algunos contemporaneos suyos, estaba dotada de ciertos poderes psíquicos o sobrenaturales. Desde muy pronto se mostró interesada en el esoterismo, leyendo algunos obras de la biblioteca personal de su bisabuelo que había sido iniciado en la masonería a finales del siglo XVIII.
A los diecisiete años, en 1848 Helena se casó con Nikifor Vassilievitch Blavatsky, vicegobernador de la provincia de Erevan, en Armenia, y que tenía cuarenta años. Helena aceptó casarse para poder ganar independencia, aunque según ella nunca consumó su unión. Tras tres meses de infeliz matrimonio, ella tomó un caballo y escapó de la casa cruzando las montañas, yendo a la casa de su abuelo en Tiflis.
Según cuenta ella inició una serie de viajes por diversos países, tales como Egipto, Turquía o Grecia, entre otros. En algunos de estos viajes, estuvo acompañada por Albert Rawson, un explorador naturalista de los Estados Unidos, también interesado en el esoterismo y que era miembro de la masonería.
Ella cuenta que con veinte años, en 1851, estaba con su padre en Londres, y que allí tuvo su primer encuentro con el que sería su maestro, que ella reconoció por sueños y visiones que tuvo durante su infancia. Este maestro sería un iniciado oriental de Rajput, Mahatma M. (o Maestro de Morya), como es conocido entre los teósofos.
Tal como ella cuenta en el mismo año, Blavatsky se embarcó para Canadá, y más adelante viajó por varias partes de los EE.UU., México, Sudamérica y la India. Su primera tentativa para entrar en el Tibet falló, volviendo entonces a Inglaterra, pasando de camino por Java.
En 1855 volvió a la India y tuvo suerte en su tentativa de entrar al Tíbet a través de Cachemira y Ladakh. En el Tíbet pasaría por un período del entrenamiento bajo la dirección de su maestro. En 1858, fue a Francia y Alemania, y volvió a Rusia el mismo año, pasando un corto período con su hermana Vera en Pskov. De 1860 hasta 1865 viajó y vivió en el Cáucaso, pasando por experiencias y crisis de tipo sobrenatural. Lo cual posibilitó según ella, el poder adquirir un completo dominio de sus energías psíquicas. Partió de nuevo de Rusia en 1865, y viajó extensamente por los Balcanes, Grecia, Egipto, Siria e Italia, entre otros lugares.
En 1868 volvió a la India, via Tíbet. En este viaje, Blavatsky se encontró según cuenta, con el maestro, K.H. (o maestro Koot Hoomi) hospedándose en su residencia. Al final de 1870, volvió a Chipre y Grecia. Tomó un barco, más tarde, hacia Egipto, en el puerto de Perea en Grecia.
La nave donde había embarcado camino de Egipto naufragó cerca de la isla de Spetsai el 4 de julio de 1871. Tras salvarse, se dirigió a El Cairo y fundó la Sociedad Espírita, donde se propuso inicialmente fomentar los fenómenos espiritistas y mediumnicos, descritos por Allan Kardec poco antes, con el fin de introducir las enseñanzas del ocultismo y para demostrar la naturaleza máyica (es decir, ilusoria, desde una perspectiva teosófica) de tales prácticas. En las cartas escritas a sus familiares, Blavatsky estaba decepcionada con los participantes del grupo, ya que algunos simulaban ser médiums, mientras que otros eran ególatras contumaces. El grupo no duró mucho tiempo y no alcanzó los objetivos iniciales.
Después de varios viajes a través de Oriente Medio, volvió por un corto período a Odessa, en Rusia, en julio de 1872. Según Helena, en la primavera de 1873, su maestro le dio instrucciones de proseguir hacia París y, más adelante, a Nueva York.
En septiembre de 1875 Blavatsky publicó su primera gran obra, Isis sin velo, un libro que trata de la historia y del desarrollo de las ciencias ocultas, la naturaleza y el origen de la magia, las raíces del cristianismo, y, según la perspectiva de la autora, los fallos de la teología cristiana, y los errores establecidos en aquel entonces por la ciencia oficial. En este mismo año, a Blavatsky le fue concedida la nacionalidad estadounidense. En 1878, Blavatsky y Henry Olcott trasladaron la sede de la Sociedad Teosófica a la ciudad de Adyar, en la India. Conocieron entonces a Alfred Percy Sinnett el editor del periódico oficial del Gobierno de la India, "The Pioneer" de Allahabad. Este contacto fue muy importante para Blavatsky y la Sociedad Teosófica.
En octubre de 1879 se inició la publicación del primer número de la revista de teosofía, que fue llamada "The Theosophist" (la cual todavía se publica), siendo Blavatsky la editora responsable. La Sociedad Teosófica creció rápidamente, teniendo como miembros a personas de gran importancia.
En 1880 Blavatsky y Olcott habían pasado algún tiempo en Ceilán (actual Sri Lanka), estadía que generó y aumentó el interés por el sistema ético del budismo esotérico del mahayana. En septiembre de este año, Blavatsky y Olcott habían visitado a Sinnett y su esposa en Simla, India.
La Doctrina Secreta es el libro más importante de Blavatsky. El primer volumen se dedica a la cosmogénesis y estudia, básicamente, la composición y la evolución del universo. El esqueleto de este volumen está formado por siete estrofas traducidas del libro de Dyzian con los comentarios y las explicaciones hechos por Blavatsky. En este volumen están también explicados los símbolos básicos contenidos en las grandes religiones y mitologías del mundo. El segundo volumen contiene otra serie de estrofas del libro de Dyzian, que describen la evolución humana (antropogénesis)
Las últimas palabras escritas por Blavatsky en este libro fueron: "Esta obra se dedica a todos los teosofistas verdaderos".
También en 1888 Madame Blavatsky fundó la sección esotérica de la Sociedad Teosófica, dedicada al estudio más profundo de la filosofía esotérica, y escribió para los estudiantes de esta escuela tres trabajos.
En 1889 Blavatsky publicó el libro La Llave de la Teosofía, una exposición de ética, filosofía y ciencia en forma de preguntas y respuestas que muestran las razones por las cuales se fundó la Sociedad Teosófica, y cuales eran sus enseñanzas básicas. También publicó La Voz del Silencio, un libro poético basado en el Libro de Oro del Gobierno, que había memorizado mientras estaba viviendo en un monasterio lamaísta tibetano, y que fue traducido a la lengua portuguesa por el escritor, poeta y estudioso del esoterismo Fernando Pessoa.
De acuerdo con sus enseñanzas, Dios es infinito, absoluto e incognoscible (atributo incompatible en apariencia con la afirmación implícita en el término teosofía). Se dice también que la divinidad es el origen del espíritu y la materia. A través de la aplicación de una ley inmutable, el espíritu descendería dentro de la materia, y la materia ascendería dentro del espíritu mediante una acción cíclica. En su aplicación psicológica, la doctrina de Blavatsky representa todas las almas pareciendo las mismas en esencia, aunque diferenciadas en grados de desarrollo. Las almas más avanzadas serían los guardianes naturales de las menos desarrolladas. El ser humano es presentado como complejo, con una naturaleza superior e inferior. La superior (mente pensante, alma y espíritu) ha sido contaminada por la inferior (elementos físicos entre otros) y debe ser purificada antes de poder regresar por completo a lo divino. La purificación tendría lugar a través de una serie de encarnaciones

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